Todos felices y contentos, excepto una pequeña niña. Su nombre era Lara, tenía solo 8 añitos, y aún no había encontrado disfraz, ni estaba ilusionada con los preparativos, ni corría de un lado a otro preparando cosas... nada.
No tenia nada aún, no porque no pudiera comprarlo, sino porque no tenía cómo comprarlo.
Lara era una pequeña niña de un matrimonio que llegó a ese pueblo en busca de un futuro mejor, querían ser felices allí, pero por cuestiones de la vida, sus papás tuvieron que irse fuera de España para poder trabajar, y poder tener una vida y un futuro acorde a los tiempos que corren hoy en día.
Lara vivía con su abuela, las dos solas en una pequeña casa que ésta tenía allí.
Todos los días Lara, decía a su abuela que fueran a alguna tienda a comprarla un traje de Carnaval, porque todos sus amigos ya tenían vestidos chulos con todos los complementos que se podían tener. Pero su abuela decía que no podía, su pequeña paga no la dejaba permitirse gastar un euro más, tenía que pagar todos los gastos de la casa, agua,luz, comida, y nunca sobraba casi nada a fin de mes.
A su abuela se la rompía el corazón al ver a su nieta llorar por no tener un disfraz de Carnaval, porque todos sus amigos del colegio lo tenían.
Sus amigos se reían de ella, la decían que iba a ser la única del pueblo que iba a salir sin disfraz y Lara no quería salir de casa, no quería ir al colegio, ni salir a jugar.
Una noche sentada con su abuela en el sofá la empezó a contar una historia, hace muchos años, cuando ella se disfrazaba en Carnaval la gente no compraba disfraces, sino que subían a sus buhardillas, y con toda la ropa vieja que tenían, creaban los suyos propios y así salían al gran desfile que se hacía.
A Lara le gustó mucho la historia, y así hizo. Subió a una pequeña azotea de la casa y empezó a sacar ropa de cajas, sombreros con flores, zapatos, y con todo lo que cogió se hizo su especial disfraz.
La banda de música por las calles del pueblo, todos los balcones adornados, la gente bailando en la calle, bebiendo y comiendo.
Y por fin, Lara salió de su casa, de la mano de su abuela, con su disfraz. Toda la gente la miraba, estaban alucinados porque no sabían de que iba disfrazada, ya que llevaba numerosos complementos que nadie jamás había visto nunca.
Cuando el alcalde subió al escenario que había en la plaza del pueblo y dijo que el premio al mejor disfraz era para Lara, no se podía creer que con cuatro cosas que cogió de casa de su abuela, tenía el mejor disfraz de todo el pueblo.
Toda la gente gritaba su nombre, sus amigos la abrazaban, su abuela lloraba de alegría al ver a Lara tan feliz, y es que, lo que no sabía Lara, es que el dinero no siempre da la felicidad, no se necesita tener grandes cosas materiales para ser feliz, solo ilusión, la pequeña ilusión de una niña de 8 años.
Cuando ella creía que iba a ser el peor Carnaval de su vida, resultó no serlo, fueron los mejores carnavales de su vida, nunca los iba a olvidar.